No me quedan más lágrimas, de Mariela Yeregui

En No me quedan más lágrimas, las obras interdisciplinarias de Mariela Yeregui, acompañadas por óleos de Julia Pagani y diseño sonoro de Mene Savasta, toman el gesto efímero de la lágrima para convertirlo en textura, ritmo, imagen y sistema.

Instalaciones, textiles, pinturas y videos materializan un recorrido en el que la lágrima guía la experiencia y adopta distintas formas a lo largo de la exposición: se expande, se repite, se esfuma y regresa transformada. La obra se apoya en el dolor para hacerlo colectivo, para preguntarse por el alivio, el desahogo y aquello que resulta inexorable.

El proyecto surge de una experiencia personal de Yeregui, para quien las lágrimas han sido, y continúan siendo, una conexión con la dimensión corporal, una posibilidad de superación y un punto de inflexión entre el cuerpo y el afecto. En palabras de la artista: “En las lágrimas, el dolor y la belleza se funden”.


Artista

Mariela Yeregui

Artistas invitadas

Julia Pagani, Mene Savasta


Curaduría

Gabriela Golder


Asistencia de montaje

Julia Pagani

Asistencia técnica

Demian Ferrari, Yitao Yuan

Diseño de exhibición

Leo San Juan


Agradecimientos

Rhode Island School of Design

Con el apoyo de Rocamadre


La exposición puede visitarse a partir de su inauguración, el viernes 17 de julio a las 18 h, de miércoles a domingos de 14 a 20 h. No se requiere reserva previa de entradas.


Texto curatorial

Por Gabriela Golder

Hay algo mínimo en una lágrima. Aparece, tiembla, cae y desaparece. Sin embargo, en ese gesto casi imperceptible se condensa una intensidad que desborda su escala.

El trabajo de Mariela Yeregui parte de esa fragilidad. Entre cuerpo y mundo, entre lo que puede decirse y aquello que apenas logra tomar forma. La lágrima altera la visión, la interrumpe. Ver a través de ella es ver desde el temblor. Así, inestable y borroso.

A lo largo de la muestra, las lágrimas se desplazan, cambian de estado, insisten. Se vuelven imagen, textura, ritmo, sistema. Pero nunca se fijan del todo: algo de su condición efímera persiste, se escapa.

En ese movimiento, se abre una pregunta: ¿Existe una lágrima social? Las lágrimas aquí no pertenecen únicamente a un cuerpo. Circulan, se conectan con otras fuerzas: con la violencia, con la pérdida, con las palabras que organizan nuestro mundo y con aquello que no podemos nombrar.

Hay también una insistencia en el hacer. En la repetición, en el gesto que continúa incluso cuando algo se rompe. La máquina no para. El error, el desvío, el glitch no se corrigen: se alojan, se vuelven parte. Como si en esa falla apareciera otra forma de sostener.

Las lágrimas atraviesan la muestra sin terminar de fijarse nunca en una sola forma. Atraviesan cuerpos y superficies, filtrándose ahí donde algo cede. Es un intento de acompañar su temblor, de crear las condiciones para que algo de esa materia –tan frágil, tan común– pueda volverse experiencia compartida.

La lágrima ocurre ahí: en un umbral, señalando el momento en que algo se quiebra y al mismo tiempo, la posibilidad de que algo continúe.

Fecha

18 julio 2026 - 20 diciembre 2026

Hora

14:00 - 20:00

Ubicación

Salas 702 y 703
Categoría