La Orquesta Sinfónica Nacional interpreta a Smetana, Bartók y Williams

Bajo la dirección de Pablo Boggiano, la Orquesta Sinfónica Nacional continúa su temporada de conciertos en el Auditorio Nacional.

El elenco estable de la Nación interpretará obras de Bedřich Smetana, Béla Bártok y Alberto Williams. Participará como solista invitado el violista Ismel Campos.

El concierto será transmitido en vivo por nuestra radio online.


Programa

Bedřich Smetana (1824-1884)
El Moldava (de Mi patria)

Béla Bartók (1881-1945)
Concierto para viola y orquesta

I. Moderato
II. Adagio religioso
III. Allegro vivace

Solista: Ismel Campos, viola

Alberto Williams
Sinfonía n.º 7, Eterno reposo

I. La pirámide

Tema I. Tallando bosques (Moderato)
Tema II. El sueño del faraón (Andante sostenuto)

II. Danzarinas de Amón

Tema I. Andantino
Trío - L’istesso tempo
Poco meno mosso

III. Tocadoras de crótalos

Tema I. Allegretto
Trío - Poco meno mosso

IV. Eterno reposo

Tema I. La soledad y el reposo (Sostenuto)
Motivo episódico: Perturbación del reposo (Allegro moderato)
Tema II. Epinicio. Canto de victoria (Marciale maestoso)


Reserva de entradas

La actividad es gratuita y requiere entradas. La reserva previa se podrá gestionar de manera virtual en esta publicación a partir de dos días antes del día de la actividad correspondiente, a las 14 h, hasta agotar el cupo disponible. Podrán solicitarse hasta dos entradas por persona (inclusive menores de edad, que en todos los casos deberán ingresar en compañía de un adulto). Cuando el cupo para la actividad se alcance quedará deshabilitada la opción de completar el formulario.

Completado el formulario, el público deberá presentarse el día de la actividad, a partir de las 14 h y hasta el horario de inicio de la función, en la boletería (mostradores de planta baja), para retirar las entradas físicas con las cuales acceder a la sala.

Por otra parte, habrá un cupo de entradas que se entregarán de modo presencial en la boletería, el mismo día de la actividad desde las 14 h. Estas entradas se habilitan hasta agotar la capacidad de la sala.

Por consultas sobre entradas e ingresos, escribir a: [email protected]

 

Viernes 21 de agosto, 20 h

Reservas

 


Acerca de las obras del programa

Smetana: El Moldava

Entre 1874 –año en el que padeció una súbita e irreversible pérdida de la audición– y 1879, Bedřich Smetana escribió una serie de poemas sinfónicos sobre aspectos destacados de la historia y la geografía de la cultura checa, serie que tituló Mi patria. El autor logró unir en ella el arte del poema sinfónico (era un gran admirador de Franz Liszt e incluso lo visitó en 1857) con el espíritu nacional tan relevante en esos tiempos.

Dentro de Mi patria, el poema sinfónico más difundido actualmente es El Moldava, una magnífica pintura del río que atraviesa la capital checa, Praga. Más que describir este río, Smetana invita al oyente a viajar por él y recorrer su trayecto desde su mismo nacimiento. Así, la obra se inicia con una melodía tenue como un hilo de agua (a cargo de las flautas), que se engrandece hasta convertirse en un caudal. Aparecen en su derrotero escenas y paisajes, como cuernos de caza o el bullicio de una boda campesina en la orilla, y, al caer la noche, surgen de sus aguas las sirenas bajo la luz de la luna. Finalmente, al paso del río por Praga suena el tema del Vyšehrad, la antigua fortaleza que custodia la ciudad y a la que Smetana dedicó el primer poema sinfónico del ciclo.

Cuestionado en vida por algunos de sus compatriotas por su admiración por la música alemana o francesa (en especial Wagner y Berlioz), Smetana enfrentó también desgracias personales, como la muerte de tres hijas antes de la adultez y la mencionada sordera. Murió a los 60 años, y fueron las generaciones posteriores las que lo reconocieron plenamente como una figura clave para la historia del arte de su patria y como el creador de una música de enorme valor intrínseco. Sus restos descansan en el cementerio del Vyšehrad (junto a los de otros héroes de la cultura checa), como si contemplara desde la eternidad el paisaje que supo pintar en música.

Bartók: Concierto para viola y orquesta

A principios de la década de 1940, y ante el avance del fascismo y el nazismo en Europa, Béla Bartók y su esposa, la pianista Ditta Pásztory, se mudaron a Nueva York. Durante esos primeros años el matrimonio vivía muy austeramente, y Bartók padecía además una deteriorada salud.

Todo cambió en 1943, cuando Serge Koussevitzky, consciente de la penosa situación de este gigante del siglo XX, le encargó una obra para ser interpretada por la Sinfónica de Boston. Así nació el Concierto para orquesta, una de sus creaciones más interpretadas y magníficas. Aparecieron entonces nuevos encargos, y uno de ellos llegó de parte del virtuoso William Primrose: un concierto para viola y orquesta.

En los primeros días de septiembre de 1945, Bartók escribía entusiasmado a Primrose, declarando haber completado el borrador y con esperanzas de pulir detalles técnicos con el violista. Por circunstancias fortuitas, Primrose pospuso el encuentro con Bartók, y dos semanas después, cuando se encaminaba a verlo, se enteró por el diario de que el compositor había fallecido a causa de la leucemia.

Fue Tibor Serly, violista y compositor, amigo y colaborador de Bartók, el encargado de completar y orquestar el concierto a partir de un borrador que resultó más problemático de lo esperado; la tarea le insumió más de dos años y medio. Luego de su estreno en diciembre de 1949, con Antal Doráti (discípulo de Bartók), la Sinfónica de Minneapolis y Primrose como solista, el Concierto para viola se erigió rápidamente en una de las cumbres del repertorio concertante para viola.

Alberto Williams: Sinfonía n.° 7 en re, Eterno reposo

Las nueve sinfonías de Alberto Williams (1862-1952) constituyen un monumento orquestal fundacional para nuestra música y, al mismo tiempo, son el núcleo de su creación, tan variada como prolífica. Dentro de un universo tan amplio, es difícil encontrar –incluso a nivel mundial– un grupo compacto de sinfonías programáticas como lo son las de Williams (de la segunda a la novena). Esta característica otorga rasgos únicos a este corpus creativo. Además, todas las sinfonías programáticas de Williams están basadas en poemas escritos por él, y varias de ellas incorporan elementos nativistas, lo que les da un interés particular.

Escrita entre el 28 de abril y el 22 de septiembre de 1937 (pocos meses antes de su estreno en el Teatro Colón, en el marco de un concierto homenaje al compositor por sus 75 años), la Sinfonía n.° 7 en re, op. 103, titulada Eterno reposo, es una de las sinfonías de Williams que mayor proyección internacional han tenido: Toscanini dirigió sus movimientos 2 y 3 al frente de su orquesta de la NBC en el Colón en 1940, y Adrian Leaper la grabó en 1997 junto a la Orquesta de Gran Canaria (sello Art Nova Classics). Williams la dedicó a la memoria de sus abuelas, Fanny Blackett y Coleta Palacio. El estilo despliega una gran paleta para llevar al plano sonoro (a través de un orgánico poderoso) las imágenes plasmadas en el poema.

Su temática se centra en la ambición de descanso eterno, que lleva a un faraón a ordenar la construcción de una pirámide, en busca de evitar que su reposo sea profanado en los siglos venideros. Concluye Williams: “Durmió cuatro mil años el monarca, / sin que nadie turbase / el sueño de los sueños, en la tumba / de soberbia pirámide; / hasta que vino en nombre de la ciencia / un sabio a despertarle. / Abrió su sepultura y dio al museo / su momia venerable. / ¡Bajo aquella montaña de granito / en vano fue enterrarte! / No hay reposo en la Tierra ¡oh soberano! / Ni para los cadáveres”. En tiempos en los que las excavaciones arqueológicas habían despertado un enorme interés en la opinión pública, el compositor volcó su propia curiosidad por el tema y la llevó al género sinfónico.

Fecha

21 agosto 2026

Hora

20:00

Ubicación

Auditorio Nacional
Transmisión por radio online
Categoría